El Gómez de Uslar Pietri, por Ricardo Gil Otaiza

El Gómez de Uslar Pietri, por Ricardo Gil Otaiza

Ricardo Gil Otaiza.- Termino de leer la nueva edición de Oficio de difuntos, de nuestro Arturo Uslar Pietri, que lanzó Drácena Ediciones S. L. de Madrid al mercado español y latinoamericano a finales de 2017. Debo confesar que no me acercaba a esta interesante novela desde mis tiempos de bachillerato, cuando la leí, más por imposición académica, que por vocación lectora y literaria. La lectura de hoy me resultó muy grata, no sólo porque la edición nos permite el disfrute de un libro magníficamente editado, sino porque trajo a mi memoria el recuerdo de anteriores lecturas que de alguna manera han configurado mi noción muy personal acerca de Juan Vicente Gómez y su tiempo. A pesar de tratarse de una historia fabulada (como solía referirse a las mal llamadas “novelas históricas” nuestro Francisco Herrera Luque), en ella los venezolanos y latinoamericanos nos vemos reflejados en nuestra triste cadena de episodios de gobiernos de facto, que imponen a la gente una férrea voluntad que sublima las libertades y el desarrollo social y familiar. Qué triste resulta leer un libro que recrea una dictadura en medio de un contexto similar, porque como lectores no nos queda otra opción sino estar contrastando de manera permanente (casi automática) lo acaecido en las páginas de la “ficción”, y lo que se vive en la realidad.

Echa mano el gran Uslar Pietri de nombres impostados para referirse a personajes que vivieron, que existieron y a los cuales los habitantes de estos lados del mundo tenemos muy presentes desde las páginas de la historiografía moderna, así como también desde otras formas de arte (películas y series televisivas); pero sobre todo desde el estremecimiento que a nuestros antepasados producía la sola mención del “Benemérito General Juan Vicente Gómez” (en la novela llamado Aparicio Peláez): hombre cruel y autárquico que impuso en nuestro país un régimen de miedo durante tres décadas. Pudo el novelista utilizar los nombres reales, lo que hubiese dado a la historia mayores visos de verosimilitud, al relacionarse lo leído en la novela con lo acaecido cien años atrás. Sobre todo cuando sopesamos en su justa dimensión literaria, que al introducirse personas “reales” en un contexto de ficción se transforman necesariamente en personajes literarios. Ese solapamiento de la identidad de los hombres y mujeres que se mueven a lo largo del libro luce como un artificio innecesario.

Nos lleva Uslar Pietri de la mano de su reconocida prosa por los intrincados caminos de una época oscura, cruel, que hoy sigue siendo suerte de dilucidación por parte de los estudiosos de la historia, que buscan en nuestros atavismos las explicaciones de nuestros males como sociedad. Nos asombra la vigencia de los argumentos uslarianos al definir desde sus hechos y personajes la relación de dependencia que se establece entre los “hombres fuertes” y el colectivo, como noción de mesianismo, que lleva a las naciones a inmolarse en el estercolero de regímenes ominosos, que buscan perpetuarse en el poder a costa del dolor y de la miseria de los otros. Se puede ver con claridad la antinomia histórica presente entre el obsesivo deseo de Aparicio Peláez (Gómez) de exterminar las montoneras y los caudillos, que tanto daño le trajeron a la nación desde el cese del sistema colonial, con su impronta de fuerza, de imposición y de autoritarismo que resultó ser en la realidad un paso atrás de Venezuela en su inserción en el siglo XX.

Aplaudo la salida de esta nueva edición de Oficio de difuntos, porque pone en las manos de las nuevas generaciones una pieza singular y hermosa, que retrata de manera literal el apogeo y los estertores de los regímenes autoritarios. Un espejo en el que deberíamos vernos para reflexionar y actuar.