La Cuestión Venezolana, por Arturo Uslar Pietri

La Cuestión Venezolana, por Arturo Uslar Pietri

En los últimos años, el gasto público ha crecido en Venezuela de una manera incontenible. El presupuesto nacional aumenta de manera continua y con él el déficit presupuestario y el endeudamiento. Es difícil explicar como un país pequeño, de no más de veinte millones de habitantes, que ha recibido ingresos desmesurados por motivo de la renta petrolera, no ha podido poner orden en sus finanzas publicas y ha venido incurriendo continuamente en un déficit creciente, que ha ocasionado la creación imperdonable de una pesada deuda pública. Se estima que el total de la deuda pública registrada y flotante, mas los pasivos laborales y la capitalización de los fondos de pensiones, alcanza los cincuenta millardos de dólares, lo que representa tres veces el presupuesto nacional y revela el inmenso desastre financiero a que ha llegado un país que recibió, por motivos de la explotación petrolera, ingresos gigantescos.

Pareciera que esta tendencia al crecimiento del gasto público y al déficit presupuestario fuera incontenible y condenara al país a una perpetua crisis financiera, que parece no tener termino.

Las inmensas rentas que Venezuela ha recibido por el petróleo hubieran permitido hacer de ella la nación más prospera y desarrollada de la América Latina. Para ello hubiera sido necesario que los sucesivos gobiernos de la abundancia hubieran tenido una idea clara de lo que exigía el verdadero desarrollo del país. En lugar de hacer lo necesario para crear las condiciones de un país económicamente sano y productivo se dedico el gasto público a crear un Estado monstruoso que dómino, acogoto y desvió toda posibilidad de un desarrollo económico normal.

No se creó una nación sino que se hizo un inmenso aparato estatal, que absorbió y reemplazo todas las formas de la vida de la vida nacional hasta el extremo de que toda la vida económica y social del país ha llegado a ser subsidiada.

Esta es, sin duda la cuestión más importante que Venezuela tiene planteada. Desgraciadamente este no es el tema de ningún gran debate público, ni de una toma de conciencia para un cambio de rumbo necesario. Los venezolanos parecen alegremente resignados a vivir subsidiados por la renta petrolera, sin hacer ningún esfuerzo efectivo para cambiar esta frágil y peligrosa situación.

Se vive al día, se gasta a manos llenas, el Estado hipertrofiado ha penetrado todas las formas de la vida nacional y las ha desnaturalizado económicamente y si, por alguna circunstancia, la renta petrolera llegara a disminuir sensiblemente, se desataría sobre el país una crisis económica y social de proporciones gigantescas.

Este y no otro es el verdadero desafío que la riqueza petrolera le plantea a Venezuela y para el cual, después de tantos años, no parece haber una respuesta adecuada de parte de los sucesivos gobiernos.

Venezuela fue, durante cuatro siglos y medio de sus cinco siglos de historia, un país pobre. Solo en el último medio siglo apareció esa riqueza en manos del Estado, que termino por crear las condiciones de un país rentista, dependiente casi absolutamente de la renta petrolera, distribuida a través del gasto público. Se podría decir, sin exageración, que en la mayoría de los países del mundo, el Estado vive de la nación, mientras en Venezuela, por causa de la riqueza petrolera en manos del ente público, la nación depende del Estado. El Estado se ha hecho así un ente extraño a la vida nacional.

Lo que ha crecido en Venezuela en estos últimos años no es la capacidad de producción del pueblo venezolano sino la renta petrolera y el subsidio oficial, lo que, sin duda, constituye una situación llena de inmensos riesgos para el futuro y frente a la cual está lejos de existir una mentalidad colectiva adecuada.

Acaso, de manera ingenua, ante los peligros implícitos que presentaba esta situación, se me ocurrió lanzar como consigna para la política nacional la de “sembrar petróleo”. Era una idea simple pero efectiva, que ha podido ser la base de una gran política nacional de aprovechamiento inteligente del petróleo para hacer un país moderno. Lamentablemente, no se quiso entender así. El país entero y los sucesivos gobiernos de distintos partidos se abandonaron a la tentación del gasto publico creciente y, en lugar de echar las bases para la formación de una economía nacional, crearon un Estado monstruoso, omnipotente que absorbió y domino toda la vida nacional hasta desembocar en la insólita contradicción que presenta hoy Venezuela, de una población pobre y atrasada con un Estado inmensamente rico e interventor.

Esta y no otra es la cuestión fundamental que este país tiene planteada. Este debería ser el tema central de las preocupaciones nacionales. Debería ser el objeto de la más inteligente consideración en los centros docentes superiores y en los foros ilustrados del pensamiento nacional.

Desgraciadamente, el país se ha entregado a vivir en lo inmediato, sin darse debida cuenta de las amenazas que podría guardar el porvenir.

12 de Octubre de 1997