¿Dónde está el piloto?, por Alexis Aponte

¿Dónde está el piloto?, por Alexis Aponte

Alexis Aponte.– Una brisa densa, pesada y confusa sacude a Venezuela, que se expresa en la desesperanza, desconfianza y escepticismo sobre el presente y el futuro de las personas y del país.

Las consecuencias se contabilizan en la estampida de venezolanos hacia el exterior y para los que se quedan;  en la desnutrición, pérdida de peso, problemas psicológicos, stress, angustia,  violencia social y múltiples estados de zozobra.

El venezolano se siente solo en el desierto. Lo anterior es el caldo de la desesperanza, pero más aún, sin poder divisar una luz al final del túnel. La desconfianza es producto por un lado, de la desastrosa ejecutoria gubernamental, que no toma ninguna decisión para mitigar los males que gravitan sobre el venezolano, léase; inflación, deterioro del salario real, escasez  de alimentos y medicinas y  delincuencia. El gobierno no genera (y no lo hará) en crear una buena expectativa.

Por otro lado, la oposición representada en la MUD, permitió que el gobierno le clavara unas banderillas con aquello de la mesa de diálogo, para que luego ejecutara los respectivos “paseíllos taurinos”. La demostración de inexperiencia, improvisación e inocencia (algunos dicen complacencia) fue tan evidente que contribuyó al logro del objetivo del gobierno; dividir a la oposición y crear la desconfianza en sus representantes. Hoy a finales de febrero, prevalece la decepción, la desolación y la rabia, ésta última mala consejera.

El resumen de esta pequeña introducción es: En el país hay un vacío de liderazgo, la gente necesita sentirse representada en verdaderos líderes que le hablen con franqueza, con la verdad y planteando verdaderas soluciones a los problemas económicos, políticos y sociales que aquejan a la República. La sociedad espera un liderazgo que anteponga a sus ambiciones personales y partidistas, una visión integradora de talentos, esfuerzos y eficiencia.  La gente requiere un liderazgo que integre a los diversos grupos de interés de la sociedad, genere confianza y sume voluntades en pro de un o unos objetivos comunes.

El liderazgo requerido debe ser  transparente en todas sus ejecutorias, honesto y honrado, sincero y natural. Un líder con carácter, entendiendo como tal; la fuerza  que otorga la solvencia, la moral y la ética en el ejercicio de un cargo. El convencimiento de administrar un país como un “buen padre”. Esa energía que es producto de querer hacer las cosas bien. Es  dejar a un lado ese líder del pasado que gusta de lo palaciego, la intriga y lo cortesano.

Un líder planifica, se compromete, construye y entrega resultados.  Asume responsabilidades, reconoce errores, corrige y se reorienta.  Destruir es muy fácil, el mejor ejemplo lo tenemos en Venezuela, construir es difícil porque eso requiere un esfuerzo económico, de sumar voluntades y de inclusión.

La Universidad de Harvard, puntualiza en  cuatro (4) cualidades que identifican a un líder:

  1. Conector
  2. “Atraen talento diverso”
  3. Modelaje
  4. Fortaleza para la toma de decisiones

Estas cualidades enumeradas anteriormente son pertinentes  para un liderazgo que asuma las riendas de la República en su reconstrucción del tejido social, económico y gerencial. Un Conector es algo más que un operador político, es una persona que sea un artista en la suma de voluntades, de ideas y acciones en función de la prosperidad y desarrollo de la nación. Constituye un vértice para la suma de la Diversidad de Talentos, ideas y acciones. Crea y desarrolla equipos de trabajo eficiente. Vive en una constante renovación porque es la única manera de mantener una acción constante y productiva. El Modelaje es una virtud necesaria en el liderazgo moderno. En esto el Papa Francisco es un ícono de la sencillez y liderazgo. Se predica con el ejemplo. Un buen líder no puede exigirle al  pueblo, lo que él no practica.

La Fortaleza para la toma de decisiones es fundamental en el ejercicio de las funciones de liderazgo. Ante los grandes problemas que tiene La República, se requiere un vigor para asumir las consecuencias de cada decisión. Eso es difícil porque todos los seres humanos tenemos sentimientos, intereses, familia y debilidades. Pero, en esta hora menguada tenemos que dejar a un lado cualquier rasgo de lasitud para que se imponga el orden, la eficiencia y la honestidad.

Es un objetivo para Venezuela crear y desarrollar una “inteligencia colectiva”, (Solorzano Gaudy) y ésta solo se genera mediante el desarrollo de una gran sensibilidad social entre los líderes y los liderados. Los acuerdos, que a veces no necesariamente son consensos, tienen que tener como norte el interés de La Nación. El diseño de la hoja de ruta, llámese Acuerdo Nacional, tiene que ser de obligatorio cumplimiento entre las partes, con un gran compromiso ante el país y rendición de cuentas periódicas ante los organismos contralores, reguladores y la sociedad en general.

En Venezuela tenemos que dar un salto disruptivo. Tenemos un liderazgo y partidos políticos que viven aún de “Venezuela Heroica”, inspirados en Ezequiel Zamora y en la Guerra Federal.  Alcaldes, gobernadores y  diputados que se creen líderes y resulta que no son más que candidatos a cualquier cosa, sin son escogidos por un cogollo. Se requiere un  Liderazgo comprometido con la Justicia Social, con el desarrollo económico, que batalle a diario contra la corrupción en todas sus expresiones, innovador, que transforme a Venezuela y la introduzca en el siglo XXI, con todos los retos que eso involucra en materia de tecnología, gerencia y educación. En ésta última tenemos que hacer una  genuina  revolución.