Japón: educación para la sociedad del conocimiento

Japón: educación para la sociedad del conocimiento

«Los imperios del futuro van a ser los imperios del conocimiento». Así lo pronosticaba Albert Einstein hace siete décadas, cuando apenas se estaba iniciando la revolución científica y tecnológica y el proceso de la globalización contemporánea que configuran la sociedad de la información y el conocimiento. Frente a estas realidades los países que han sabido entender las señales de los nuevos tiempos están impulsando profundas reformas educativas y de sus sistemas de ciencia y tecnología para acoplarse adecuadamente a esas nuevas realidades en las que las ventajas comparativas y competitivas ya no son los recursos naturales ni la ubicación geográfica, sino el conocimiento y la aplicación inteligente del mismo como palancas claves del desarrollo. Son países que han superado los resabios del populismo y complejos tercermundistas de otras sociedades que se mantienen rezagadas por su empeño en mirar hacia el futuro por el espejo retrovisor del carro del progreso. No es por casualidad que las naciones más avanzadas e impulsoras de los profundos cambios que están configurando la postmodernidad, sean las que tienen las universidades y centros de investigación científica más prestigiosas del planeta y en donde han surgido el mayor número de premios Nobel. Así, hasta la fecha en USA se encuentran 8 de las 10 más prestigiosas universidades del mundo y el país registra 250 ganadores del Nobel. Le sigue Inglaterra con 2 de esas 10 universidades y 99 premios Nobel; luego Alemania, otra de las grandes potencias económicas, con 98 premios Nobel.

Pero en las últimas décadas han surgido otros países que, rompiendo con viejos esquemas y algunos de ellos superando los estragos de la guerra, se han incorporado al progreso, promoviendo una educación de excelencia y un avanzado sistema de ciencia y tecnología. Ese ha sido el caso -entre otros- de Finlandia con un sistema educativo altamente meritocratico y evaluado entre los mejores del mundo. También en Corea del Sur los grandes logros en su desarrollo se sustentan en una educación de calidad y un eficiente sistema de ciencia y tecnología. Singapur igualmente ha impulsado una excelente educación y un notable sistema científico y tecnológico, lo que le ha permitido pasar del tercer mundo al primero en apenas 4 décadas. En el grupo señalado resalta Japón, que luego de los desastres sufridos a finales de la Segunda Guerra Mundial, ha logrado un sorprendente desarrollo destacándose como la más avanzada nación fuera del mundo occidental y el país más industrializado y rico después de los Estados Unidos, gracias a su gran desarrollo científico y tecnológico, con varias de sus universidades destacadas entre las 50 más prestigiosas del planeta. Este país ha impulsado un sistema meritocratico como modelo educativo, cuyo fundamento es la búsqueda de la excelencia a todos los niveles del mismo, con una sólida alianza entre el gobierno, las familias y los docentes, todos empeñados en asegurar la calidad del sistema.

En el empeño de promover una educación actualizada frente a la dinámica demanda de la sociedad del conocimiento en el Japón se están realizando ajustes importantes del sistema, con una visión de largo plazo y para fortalecer la identidad nacional y la dignidad individual; pero incrementando la contribución del país a la comunidad internacional. Para ello la reforma, especialmente a nivel de la educación primaria y secundaria, va a hacer énfasis en la formación de los jóvenes japoneses como «ciudadanos del mundo», descartando el chauvinismo y promoviendo el entendimiento y aceptación de diferentes culturas. Los estudiantes a ese nivel sólo tendrán 5 asignaturas: la aritmética de los negocios; lectura de un libro por semana; civismos entendido como respeto a las leyes, conciencia cívica, convivencia, tolerancia, altruismo y respeto a la ecología; computación, incluyendo interacción en redes y negocios globales; y, finalmente comprensión de 4 idiomas, alfabetos, culturas y religiones. Se espera que al superar ese currículo educativo los jóvenes a los 18 años hayan leído 52 libros cada año, dominen 4 idiomas, con énfasis en el inglés, el chino y el español, y sean expertos en el uso de las computadoras, además de tener una sólida cultura cívica y responsabilidad social y de ser capaces de enfrentar la internacionalización, la era de la informática y de mantenerse en un proceso continuo de aprendizaje de por vida.

Es notable que tanto en Japón como en los otros países referidos sus sistemas educativos tienen características comunes, tales como la excelencia a todos los niveles del mismo, la evaluación permanente de docentes e instituciones, remuneración adecuada y reconocimiento social de los educadores, ingreso meritorio a la educación superior, inclusión y pertinencia social, autonomía académica y de gestión a nivel universitario, impulso al desarrollo científico y tecnológico con activa participación del sector productivo. Todo ello acordado como prioridad nacional y palanca fundamental del desarrollo. No hay ninguna duda que solo impulsando un sistema educativo con características similares a las descritas es posible insertar a los países en la sociedad del conocimiento. Las políticas populistas y los modelos autoritarios para gestionar la educación son formulas perversas que solo conducen al fracaso y al retraso de las naciones y sus pueblos.