El modelo social noruego, por Luis Xavier Grisanti

El modelo social noruego, por Luis Xavier Grisanti

Luis Xavier Grisanti.– Muchos atribuyen el éxito del modelo noruego (y escandinavo) de sociedad -Noruega ocupa el primer lugar en el índice de desarrollo humano de Naciones Unidas-, a que su pueblo se conduce conforme a los patrones éticos y morales del cristianismo calvinista: sujeción estricta a los Evangelios en la vida cotidiana, mística de trabajo inalterable, austeridad en la vida social, respeto al prójimo, solidaridad con el débil y empoderamiento al pobre.

Los tratadistas coinciden en que el modelo de sociedad escandinavo es exitoso porque combina tres elementos de cohesión social que hacen posible su progreso y desarrollo como naciones: democracias liberales, economías sociales de mercado y sistemas de seguridad social integrales. Derechos humanos, libertad de expresión, de culto y de empresa, Estado de Derecho, independencia de los poderes públicos, seguridad jurídica e igualdad social son principios inherentes del pacto social escandinavo y sustento esencial de su prosperidad.

Al comenzar la explotación de los hidrocarburos en los años 70 del siglo XX, tuvo lugar en Noruega un debate público entre líderes políticos, empresariales, académicos, sindicales y sociedad civil, destinado a evitar que su país sucumbiera a la Maldición de los Recursos y la Enfermedad Holandesa. Les aterraba que su pacto social se desintegrara y que su sociedad adquiera una conducta rentística.

Con visión a largo plazo, el liderazgo y la sociedad noruegos diseñaron una estrategia y activaron políticas públicas que permitieron un desarrollo armónico entre los sectores petrolero y no petrolero de la economía. Se instituyó un Fondo Petrolero manejado de forma independiente a los gobiernos de turno, para evitar la inyección desordenada de recursos en la economía (con más de $800 millardos). Se ejecutaron programas de reentrenamiento laboral. Se impidió que los salarios del sector petrolero fueran mayores a los de la industria manufacturera, conforme a un pacto entre el gobierno, los empresarios y los trabajadores, y se instauró un régimen cambiario competitivo que no permitió la sobrevaluación de la moneda, sustentado en sanos equilibrios macro-económicos. Noruega sembró el petróleo.

Lamentablemente, Venezuela, desde los años 70, ha hecho todo lo contrario.