Del Estado Docente a la Sociedad Educadora: Arturo y Luis Beltrán, por José Rafael Revenga

Del Estado Docente a la Sociedad Educadora: Arturo y Luis Beltrán, por José Rafael Revenga

José Rafael Ravenga. A mediados de 1985 Arturo Uslar Pietri y Luís Beltrán Prieto se vuelven a encontrar en un empeño educativo común.

¿La ocasión?

Ambos son integrantes de la Comisión Presidencial sobre el Estudio del Proyecto Educativo Nacional que tiene por finalidad un examen a fondo de la educación venezolana: sus males, las causas de los mismos, los objetivos por trazar para inicios del siglo XXI (“la Venezuela del mañana se hace en la escuela de hoy” es una de sus afirmaciones) y las acciones por tomar para el logro de las metas definidas. Se trataba de esbozar la necesidad y los lineamientos de un proceso de re-ingeniería radical. Mucho más allá de una modificación curricular.

El grupo de 13 personas coordinadas por Arturo se reúne en su casa en la urbanización de la Florida unas 70 veces a lo largo de 17 meses. Lo integran: Arturo, Luís Beltrán, Germán Carrera Damas, Senta Essenfeld, Orlando Araujo, Felipe Bezara, Enrique Pérez Olivares, Edmundo Chirinos, Ignacio Irribaren, Pedro Rincón Gutiérrez, Iván Olaizola, Arnoldo Gabaldón y Antonio Luís Cárdenas.

Entre ellos tres ex-ministros de educación, cuatro rectores universitarios expertos en el tema quienes consultaron con los gremios, con los representantes de la educación pública y privada, con psicólogos, con expertos en desarrollo de curricula, con los mas capacitados profesionales en técnicas cognoscitivas.

El resultado es un informe consensual, aprobado por unanimidad y como reza su introducción “libre de todo interés sectario y de cualquier orientación ideológica.” El Informe fue entregado al Presidente Jaime Lusinchi en septiembre de 1986 con el ruego que se aplicara. Fue recibido y archivado.

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Ha pasado mas de un tercio de siglo y su status hoy en día es el mismo muy a pesar de los esfuerzoa de los integrantes de la Comisión Presidencial.

Tirios y troyanos son los responsables de no haber procedido a su siembra. La única excepción fue la de Antonio Luís Cárdenas quien siendo Ministro de Educación introdujo el concepto de comunidad educativa a nivel oficial a mediados de los ´90s.

En definitiva, estamos obligados a concluir que nuestro sistema educativo esta “raspado” o reprobado pues desde fecha inmemorial no cumple con el nivel mínimo de sus objetivos formales y mucho menos con las aspiraciones de padres, madres, docentes y educandos. Esto representa una tragedia nacional a la cual se le presta demasiada poca atención. Hay una inercia mental, organizativa, a pesar de los reclamos y propuestas que se suceden con frecuencia pero que son como letanías devotas sin consecuencia alguna.

Diez años después de haber consignado el Informe, en julio de 1996, Arturo se reúne con un grupo de jóvenes estudiantes y profesionales y frente a una pregunta de uno de ellos sobre qué pasó con nuestra educación, responde:

“Como no, señorita. Yo le voy a decir con toda sinceridad que la educación en Venezuela desde 1945 hasta hoy, ha decaído”.

En esa ocasión Arturo atribuye la responsabilidad de dicha falla a un criterio que él no comparte y que lo personifica en el pensamiento de Luís Beltrán: la masificación de la educación. Sin embargo, califica a Luís Beltrán como “un hombre respetable y admirable por muchas razones”.

Continúa Arturo con un ejemplo:

 “Si Papa Dios me diera dos opciones, una educación mediocre para la totalidad de los venezolanos o una educación excelente a la mitad de ellos yo no vacilaría un momento en escoger la segunda”.

Algún simplón diría que ese es un criterio elitista. El alcance de las palabras de Arturo va mucho más allá pues él continua afirmando que una población abatida por la mediocridad nunca va a salir de sus problemas pero si contáramos con la mitad de la población con niveles de excelencia, en diez años estos transformarían al país e impulsarían a la mitad restante a alcanzar un nivel de excelencia.

En verdad, esta es una vieja disputa, y en algunos casos se transforma en polémica. Se dio entre Andrés Bello quien promovía la educación universitaria y la luz que ilumina desde las alturas y Cecilio Acosta quien decía que la luz duradera, la que permea es la que viene desde abajo, desde la educación primaria.

En la práctica es más bien una discusión sobre tácticas. Aspiramos a que las oportunidades educativas lleguen a todos pero si estas no han sido diseñadas e instrumentadas con criterios de excelencia, bien poco podremos esperar de ellas.

Necesitamos rediseñar el sistema educativo y esto no lo puede hacer sino un grupo de expertos pluridisciplinarios y pluralistas con el concurso de todos los involucrados. Si partimos de la excelencia podremos llegar a la anhelada meta de que todos estén incluidos en la excelencia. Al contrario si abandonamos la excelencia como criterio tendremos, una masificación de creciente inutilidad para los mismos educandos y para el país.

El Informe de la Comisión Presidencial recoge estas dos facetas al señalar que los dos ejes que hilvanan todos los males del actual sistema educativo: el igualitarismo y el expansionismo.

En ambos temas tanto Arturo como Luís Beltrán como los otros once miembros coincidieron plenamente.

En cuanto al igualitarismo este parte del siguiente supuesto: todos los planteles son iguales, el programa de estudios es el mismo para todos pues los educandos son iguales y los maestros son todos iguales. Es un supuesto nominalista ausente de todo contacto con la realidad.

Obviamente, en cuanto a los educandos, sus ADN socio-económicos son bien diversos. Además no todos tienen las mismas aptitudes ni las mismas inclinaciones vocacionales. No son todos rebanadas del mismo salami. Pero así los trata nuestro sistema educativo.

El resultado es que el igualitarismo formal genera desigualdades aún mayores que las dadas en las condiciones iniciales en las cuales la población aborda el sistema educativo. Un gran número de cursantes no prosigue y peor, abandonan el sistema. Se los catalogará para siempre como “descertificados” y ciudadanos fallidos

En la actualidad, la mitad de los cursantes quienes ingresan al 7º grado no egresan como bachilleres a los cinco años. Y un número significativo de quienes si lo logran, no están preparados para entrar en la educación superior ni al mundo ocupacional. Ni los programas de aprestamiento, ni la educación de adultos ni las llamadas misiones solucionan este problema a no ser de algún efecto muy limitado o de carácter pasajero o meramente propagandístico.

En relación al expansionismo a ciegas, el Informe afirma que se procedió a democratizar la educación, se generó una demanda masiva por parte de una población creciente pero no se previó la necesidad de rediseñar el sistema educativo. Uno de los pocos ejemplos exitosos fue la creación del INCE en 1961 por parte de Luís Beltrán para alfabetizar y capacitar adultos trabajadores.

El Estado, continua el Informe, se cegó a la realidad y procedió a enclaustrarse en un aspecto cuantitativo la cual a la larga resultó en el efecto contrario al previsto: gran número de abandonos, frustrados y “descertificados” para proseguir sus estudios. Hay que tener en cuenta que hasta para empleos de inserción inicial se requiere formalmente el título de haber culminado la educación media.

¿Y los maestros quienes inician su vocación y oficio chapuceramente capacitados y pronto terminan frustrados en sus vocaciones pedagógicas’.

¿Cómo se siente un maestro cuando no hay pupitres en su escuela en Santa Elena de Uairén?

¿Cómo se siente una maestra cuando unos computadores -laboriosamente adquiridos- son robados de noche?

¿Cómo se sienten unos maestros y unas maestras cuando cierran su escuela de educación especial en La Guaira?

¿Cómo se sienten cuando las filtraciones de aguas negras invaden su aula por reparaciones que se hubieran debido efectuar durante el período de vacaciones?

Todos son ejemplos reales y recientes. Son reflejos de una situación que se acepta como normal.

El problema de las desigualdades sigue multiplicándose: hoy hay unas tres veces el número de estudiantes de cuando la Comisión entrego su informe. El deterioro se ha acentuado.

¿Qué se enseña?

¿A quienes se enseña?

¿Quién enseña?

¿Cuantos se quedan en el camino?

¿Para qué se enseña?

Son interrogantes que no se formulan. Además las informaciones que reflejan la realidad se ocultan como si fuesen secretos de estado.

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Esto me lleva al tema del Estado Docente.

Es un concepto muy defendido y propagado por Luís Beltrán. Es originario de educadores y juristas alemanes del siglo XIX  Lo comparto plenamente. El Estado tiene la absoluta obligación de velar por el programa de formación de los ciudadanos pero así mismo tiene que proceder en consulta democrática con ellos. Si no lo hace deja de ser democrático y se da a conocer como lobo disfrazado de oveja o en otros casos como lobo salvaje.

El Estado Docente según Luís Beltrán, ve en la educación privada una forma de colaboración, una función pública delegada, subsidiaria pero indispensable. Aún mas, debe ser estimulada por el Estado cuando atiende a necesidades que el Estado difícilmente o con mucha menor eficacia puede afrontar.

La conclusión apremiante es que nuestro Estado Docente es totalmente responsable del fracaso de nuestro sistema educativo y, por lo tanto, estamos obligados a reclamarle con toda firmeza la adecuación del sistema educativo a los valores nacionales y a los contenidos educativos, competencias, aptitudes y destrezas que requieren todos los venezolanos.

Dentro de los conceptos que habría que revisar es el de la gratuidad por parte de los institutos de educación pública. Esta no puede limitarse a la mera exención de pago matricular. Debe ampliarse para convertirse en un verdadero apoyo que cubra todos los aspectos que afectan la permanencia del educando en el sistema.

Luís Beltrán y Arturo como miembros de la Comisión Redactora de la Constitución del ´61 aprobaron este criterio que en la práctica se ha quedado anquilosado en la prestación de unos limitados servicios provistos de manera insuficiente y deficiente.

Así mismo, la Ley de Educación vigente establece la obligatoriedad por parte de todo ciudadano, independiente de su edad, de adquirir, si no los posee, cierto grado y nivel de conocimientos. Pero si el ciudadano tiene que dar cumplimiento a esta obligación, con mas razón el Estado Docente está obligado a diseñar y facilitar las oportunidades requeridas. En el mundo de hoy, el Estado está obligado a proveer a la ciudadanía los elementos básicos de las tecnologías de información y comunicación que son el “abc” del siglo XXI.

Este es el mas profundo reclamo que se le debe formular al actual Estado Docente pues es él el responsable directo de la quiebra, de la ineficacia sin límites del actual sistema educativo y de los daños causados a un número siempre mayor de estudiantes.

Soy el primero en admitir que es una responsabilidad compartida con gobiernos previos  -el mismo Arturo lo advertía- pero esa realidad no puede servir de pretexto para esconder la lastimosa realidad de nuestra educación actual.

El Estado Docente enfrenta la imperiosa exigencia de abandonar su actual condición de raquítica burocracia que funciona como gigantesca incubadora de desigualdades para asumir la indiscutible primacía de promover, conducir y orientar a la Sociedad Educadora en la cual cada ciudadano educa según sus capacidades e inclinaciones y cada educando aprende según su querencia y sus necesidades.

Para terminar, me refiero a un pensamiento de Luís Beltrán:

“La educación tiene que ser, sin duda, neutral frente a las luchas de los partidos que se disputan la adhesión de la ciudadanía dentro de las regulaciones constitucionales, pero no puede serlo en relación con los fundamentos mismos de la democracia.”