La Casa del Lápiz, por José Antonio Gil Yepes

La Casa del Lápiz, por José Antonio Gil Yepes

José Antonio Gil Yepes.- La Casa del Lápiz es uno de los programas de la Fundación Arturo Uslar Pietri; de la que me honro de ser director y padrino de su próxima graduación. Este programa está orientado a enseñar oficios para que la gente pueda ganarse la vida de la manera más digna posible. En cinco años de actividad, cuenta con 3.000 graduados; más 250 que se graduarán el próximo sábado; cuatro sedes y 20 más que están en instalación, en alianza con FETRAMAGISTERIO. Todo el aprendizaje es práctico-teórico. El formato de los talleres es de corto tiempo y la mayoría de los oficios (computación, peluquería, preparación y conservación de alimentos, inglés, electricidad, plomería, etc.) se aprenden modularmente. Estos talleres son pagos; no son ni deben ser gratuitos.

Pero lo que más me llama la atención es que los hallazgos de una investigación formal que estamos haciendo apuntan a que la experiencia contribuye al desarrollo integral de la personalidad del cursante: El graduado comienza a identificarse como profesional de un oficio; cuando antes era “un todero” o un pirata. El nuevo oficio le genera al graduado mayores ingresos, capacidad para mantener a sus dependientes y, por ende, autoestima y respeto. El graduado pide más conocimientos dentro del oficio aprendido; cursando módulos complementarios. Los puntos anteriores convergen hacia la percepción de los graduados de que en la vida si se puede salir del círculo vicioso donde los problemas y las autolimitaciones se repetían, pasando a ver la vida como una línea recta de cambios virtuosos.  El 15% de graduados ha establecido su propia empresa y genera trabajo para otros. En los focus groups ya realizados ha sido común escuchar la expresión “es que ahora siento que soy mejor persona.”

Bien pudiera ser este modelo de aprendizaje modular de oficios, combinado con  acreditación de la experiencia, una ruta alternativa para alcanzar el grado de bachiller de manera mucho más cónsona con las premuras por ganarse la vida que sufren los pobres; en vez de pasar por esa experiencia poco útil y con un alto costo de oportunidad que es el bachillerato.