El tiempo y la política, por Alexis Aponte

El tiempo y la política, por Alexis Aponte

Alexis Aponte – Abordemos este concepto que tiene una connotación filosófica muy profunda, objeto de reflexión y teorías

por parte de pensadores entre otros de la talla de Aristóteles, Kant, San Agustín. No es la idea de esta columna elaborar una disquisición sobre el tiempo, pero si, de analizarlo desde un punto de vista de su relatividad según el observador, la referencia y el momento.

Según la Real Academia de la Lengua lo define como; “Magnitud física que permite ordenar la secuencia de los sucesos, estableciendo un pasado, un presente y un futuro, y cuya unidad en el sistema internacional es el segundo.”, más adelante en el Diccionario lo precisa como “espacio de tiempo disponible para la realización de algo”

La segunda definición de la RAE, nos permite su asunción como la disponibilidad del mismo para hacer algo y dado el enfoque de la persona involucrada, se puede inferir que su ejercicio es relativo para unos y otros. Es decir, no es lo mismo el concepto de Tiempo para los políticos, los empresarios, el pueblo y en especial, para los que forman parte de los estratos D y E. No es lo mismo el tiempo en la política, en la actividad económica o en la calidad de vida de la gente. Más aun, dentro de la política, el tiempo es relativo en función del político involucrado, que depende de la edad, ambiciones e intereses que pueda representar.

Cuando se relaciona la variable Tiempo con la crisis política, económica y social que vive el país, asumiendo como premisa adicional, la continuación del actual modelo económico, los mismos gobernantes y las mismas políticas económicas y sociales, entonces se concluye que nada se va a solucionar, sino por el contrario, la situación de los venezolanos va empeorar. Veamos la posible tendencia proyectada en forma conservadora y optimista:

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En el cuadro anterior se puede ver (cifras conservadoras) aproximadamente cuánto costaría socialmente esperar (24 meses) por una solución política, económica y social a los diversos problemas que aquejan a la sociedad venezolana. Dicha espera se cuantificaría en una inflación desbordada de 4 dígitos anualmente, probablemente en ese lapso podríamos tener: entre 2000/3000% de inflación acumulada en dicho lapso, unos 60.000 homicidios, 800.000 nuevos niños desnutridos, un incremento notable de los fallecidos por escasez de medicinas, un índice de escasez, de por sí ya muy alto y difícil bajarlo de un 60%, que seguirá siendo elevado y una canasta alimentaria que ya para el año 2015/2016, aumentó en un 482% lo cual la haría inalcanzable para una familia venezolana.

Para algunos políticos que dominan la escena, que solo saben de cabildeos, gestiones e intrigas, cuyo norte son las ambiciones personales o de grupo, el Tiempo en la actual crisis nacional es un aliado. Pueden aguardar, porque juegan al degaste del gobierno y a una lógica que todo va a ser, porque no puede ser de otra manera, o porque significa el menor costo posible. Por supuesto, para el gobierno es su mejor aliado y es necesario ganar y capitalizar tiempo, a cualquier costo. Su objetivo es mantener el poder. No entienden que hoy día en tiempos y sociedades complejas nada es lineal y que los pueblos nos sorprenden.

El costo social del “tiempo de espera” es impagable para el venezolano común, es muy costoso para un empresario que ve un deterioro de su capital en una economía haciendo aguas, es demasiado elevado desde el punto de vista psíquico y emocional para todos los venezolanos. La dominación de ese “tiempo de espera” para una república en vías de disolución es enorme y por lo tanto requiere una solución inmediata, política y desprendida de todos los actores involucrados.

Cada vez se hace un imperativo detener el deterioro del salario real, reducir la inflación, disminuir la violencia social, abastecer de alimentos y medicinas al pueblo venezolano, mejorar los servicios públicos, crear empleos y oportunidades, aumentar la producción nacional, mejorar los servicios de salud pública y la educación en todos sus niveles. Ejecutar políticas dirigidas a desmontar el control de cambio. No estamos hablando de Libertad y Democracia, que ya es bastante y en el vértice es un objetivo superior que requiere urgencia, porque sin ellas es difícil lo demás.

Para este pueblo si lo ponen a escoger entre elecciones locales y regionales de alcaldes / concejales/gobernadores y alimentos/medicinas y seguridad, creo que todos sabemos que va a decidir. No es necesario ser sociólogo y dominar lo que explica la Pirámide de Maslow (la Jerarquía de las Necesidades Humanas) para saber cuáles son las prioridades de la gente y hacer el mejor de los esfuerzos de la lucha política para diseñar soluciones que resuelvan los problemas inmediatos de la gente. Se trata de estabilizar un enfermo en situación crítica para luego iniciar tratamientos de recuperación definitiva.

El Tiempo de la política y de los políticos, en una economía sumida en escasez, inflación y violencia, no es el mismo para el ciudadano de a pie y la paciencia tiene límites y en este escenario domina la incertidumbre y las sorpresas. Son 24 meses y su espera no garantiza nada.