Ecosistemas de innovación y emprendimiento: más allá de las intenciones y las palabras

Ecosistemas de innovación y emprendimiento: más allá de las intenciones y las palabras

En un mundo cada vez más diverso e interconectado, la diferenciación y la creación de valor agregado es un elemento clave para que las empresas y, por lo tanto, las economías crezcan y sean competitivas.


Ulises Gómez Boronat.- El día a día de una persona está dominado por la “infoxicación” (sobrecarga de información que nos cuesta asimilar e interpretar que se supone nos ayuda a tomar decisiones), y sin embargo vivimos en la era de la rapidez donde tenemos todo a un clic y los trending topic son tendencia.

Uno de estos trending topic, en el ámbito de la innovación y el emprendimiento, son los ecosistemas. Todos los países, incluso todas las ciudades, quieren tener su propio ecosistema de emprendimiento y de innovación; a veces hasta pretenden que sea el mismo.

En El Salvador, desde hace varios años (cinco si no falla la memoria), se vienen haciendo esfuerzos importantes para estructurar el ecosistema nacional de emprendimiento, que da cabida al sector público, a las instituciones educativas, al sector privado y a las fundaciones y ONG.

Uno de los grandes impulsores del concepto de ecosistema de emprendimiento es Daniel Isenberg, que desde el Babson College indica que “un ecosistema de emprendimiento además de redes de personas y organizaciones se compone de varios ámbitos: una cultura favorable a la innovación, liderazgos claros, capital humano de calidad, mercados desarrollados y una gama de apoyos institucionales y de infraestructura tanto públicos como privados”.

Ya en 2011 se planteaba que un ecosistema de emprendimiento tiene seis ámbitos clave que se desagregan en doce subconjuntos. Los seis ámbitos son: político, financiero, cultura, soporte (físico y humano), capital humano y los mercados a los que dan servicios los emprendimientos de ese ecosistema.Este último punto es medular, ya que hay que diferenciar muy bien entre esfuerzos de dinamización de ecosistemas e iniciativas de creación de “egosistemas”.

Para explicar y entender esta diferencia, es clave profundizar en el concepto de ecosistema, que viene de la ecología y su estudio de la Naturaleza y las relaciones que se dan en ella. Los organismos se agrupan en poblaciones que se organizan en comunidades. Un ecosistema es algo más amplio que una comunidad, ya que incluye el entorno en el que esta se desenvuelve. En el estudio ecosistémico se profundiza en las relaciones de los agentes de una comunidad entre ellos y con su entorno.

Todo ecosistema (ecológico, emprendedor, de innovación) necesita una fuente de energía que lo mantenga vivo gracias a su transferencia entre sus componentes, también se sucede un movimiento continuo de los materiales que lo conforman, todo ello sucediendo en un ciclo cerrado, organizado y equilibrado que cumple con la primera ley de la termodinámica: “La energía no se crea ni se destruye, solo se transforma”.

Es importante comprender que al estudioso de los ecosistemas no le importan los seres vivos concretos que lo conforman, lo que realmente le interesa son las relaciones, los ciclos y flujos que se generan en su interior. Aquí radica la diferencia entre dinamizar ecosistemas o crear “egosistemas”.

Cualquier ecosistema (de emprendimiento o de innovación) del mundo que se considere maduro y sea referente no ha nacido de una manera ordenada, jerárquica y dirigida, más bien ha sido el resultado de la conjunción de una serie de fuerzas y factores que le permitió llegar a lo que hoy es. Silicon Valley nació gracias a la carrera espacial que en los años 60 enfrentaba a Estados Unidos de Norteamérica con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Israel se convirtió en lo que es hoy por sus necesidades militares y agrícolas; y Estonia es considerado el país más emprendedor de Europa gracias a los esfuerzos realizados tras el éxito de Skype.

Para hablar de ecosistemas de innovación debemos primero consensuar la definición de innovación. Para Schumpeter es “todo aquello nuevo o cualquier (re)combinación de recursos y/o tecnologías existentes que tienen el potencial de generar rentas para el iniciador del proyecto”. Una forma más sencilla de describir innovación es “crear una nueva oferta de valor viable, factible y deseable”. Hablar de innovación es hablar de resultados, de éxitos, ya sean estos al interior de la empresa, en el mercado o en el ámbito social.

Por ello es importante visualizar que más que un ecosistema, lo que debería estructurarse es un sistema de innovación al servicio de los diversos ecosistemas operativos en una ciudad, un país o una región. La siguiente es una serie de agentes de soporte que organizan y estructuran cuatro ámbitos clave para que la innovación surja: las fuentes, los resultados, las infraestructuras y las condiciones políticas, todos orbitando en torno a los agentes operadores que lograrán convertir una invención en una innovación, integrando y aglutinando factores humanos, sociales, materiales y financieros.