La Política Económica de Robín Hood, por Arturo Uslar Pietri

La Política Económica de Robín Hood, por Arturo Uslar Pietri

Robín Hood, el bandido generoso de las viejas baladas inglesas cuyo prestigio ha llegado hasta nuestros días, robaba a los ricos para socorrer a los pobres como consecuencia de la idea muy precisa que tenia de la realidad económica en su tiempo. La riqueza en el siglo XII consistía esencialmente en la posesión de tierras de labranza y en la de monedas de oro y plata acuñadas. Ambas eran escasas y estaban en pocas manos. La inmensa mayoría de la población era de campesinos incorporados a la tierra por derecho feudal, que llevaban una vida miserable y que, por consecuencia de cualquiera mala cosecha, perecían por centenares. Las monedas de oro y plata estaban en los arcones de hierro de los señores feudales o en las huchas de los usureros, y eran pocas, escasas y caras.
Era un tiempo de economía agrícola primitiva y estática, en que año tras año la riqueza aumentaba muy poco y, prácticamente, la única manera de adquirirla era arrebatándola por la violencia a otro, bien fuera por la guerra feudal o la hazaña del bandido.

No podía remediar Robín Hood el terrible problema social de su tiempo pero lograba mitigarlo transitoria y localmente en algunos casos, distribuyendo entre los pobres parte del botín de sus rapiñas, con lo que aliviaba, por lo menos temporalmente la miseria de algunos.

En el tiempo corrido desde el siglo XII hasta hoy, no solo la realidad económica sino el concepto mismo de la riqueza ha cambiado de un modo tan radical y completo que no podría entenderlo Robín Hood con las nociones de su tiempo. La riqueza dejo de ser estática y se hizo dinámica y creciente, dejo de consistir en cosas y monedas y paso a convertirse en capacidad de producir y en las formas crecientes y complejas del mercado. La fortuna de los ricos de hoy rara vez consiste en tierras, y mucho menos en monedas de oro acumuladas, sino en fluctuantes ringleras de cifras que las computadoras manipulan y alteran a cada segundo y que corresponden a una noción fluida y dinámica de la creación continua de poder adquisitivo por medio de la actividad de los agentes económicos.

El primero que observo esto fue un compatriota de Robín Hood: Adam Smith, a fines del siglo XVII, que el cambiante panorama económico de la Inglaterra de su época, se dio cuenta de que la riqueza de una nación es el volumen de bienes y servicios que produce anualmente con su trabajo.

La Inglaterra de hoy se parece muy poco a la del siglo XII y la riqueza no está en manos de unos cuantos señores feudales sino en las de una muchedumbre de empresas anónimas, en las que participan como accionistas y como trabajadores millones de personas. Esto hace que el problema de hoy no consista, como en tiempos del bandolero legendario, en quitarle a los pocos que tienen para darle algo a algunos de los muchos que no tienen sino, al contrario, en lograr que, con el trabajo de todos, la productividad de todos, la cooperación de todos, se produzca cada día mayor numero de bienes y servicios para aumentar el nivel de bienestar general. Esto no significa que los que tienen mas no deban contribuir más, puesto que cada quien debe contribuir al gasto público y al bienestar social en proporción a su nivel económico.

Lo que resulta inadmisible, absurdo y contrario al interés general es que haya sectores políticos que sigan planteando hoy el problema de la riqueza y la pobreza en los términos en los que lo hacía Robín Hood y lleguen a creer que la única manera de mejorar el nivel de vida de los menos favorecidos es quitándole parte de su riqueza a los más favorecidos para distribuírsela generosamente. Esta es una visión totalmente contraria a la realidad económica del mundo de hoy, que está en la base misma del gran fracaso económico y social en que han incurrido los países de la Europa Oriental y del Tercer Mundo.

El problema real que está planteado a los gobiernos de hoy no consiste en hallar una manera mejor de distribuir una riqueza existente, que evidentemente, muchas veces esta escandalosamente mal distribuida, sino en hallar, por medio de la educación, de la preparación para el trabajo y el estimulo a la actividad creadora, la manera de distribuir mejor entre todas las clases sociales la capacidad de producir riqueza.

El bien que Robín Hood hacia a los pobres era forzosamente limitado y transitorio. En cambio, la incorporación de grandes sectores sociales a una economía productiva constituye un progreso real y permanente que beneficia a todos.