La misa, por Alexis Aponte

La misa, por Alexis Aponte

Alexis Aponte.- Petroguía es una revista seria y podemos decir que es la mejor que trata el tema petrolero.

El domingo 08 de julio de 2018, nos sorprendió con un  twitter el cual informaba lo siguiente: “el ministro Quevedo convocó a una misa en PDVSA para pedir a Dios aumentar la producción petrolera.” Esto no es de sorprender, porque ya en el pasado al señor presidente de la república en cadena nacional dijo sobre la situación económica de Venezuela: “Dios proveerá”

No podemos criticar las creencias de cada persona y que pueda recurrir a su religión y a su Dios para poder lograr un objetivo, pero primero debe hacerse  un trabajo, un esfuerzo en la tierra dirigido a un logro cargado de buenas intenciones, de buena fe y que contribuya al bienestar de la sociedad, especialmente del prójimo.

La crítica viene dada porque estos señores recurren a Dios y a las oraciones, para suplir su ignorancia e irresponsabilidad al aceptar determinados cargos y no tener la inteligencia de rodearse de los verdaderos profesionales. Por supuesto, la mayor responsabilidad es la del gobierno al más alto nivel al nombrarlos.

No es necesario pedirle a Dios, que aumente la producción petrolera. Eso es una función operacional de la empresa que dominan muy bien los obreros, técnicos, profesionales y sindicalistas de la industria y que están relegados por el sesgo  político y por militares sobrevenidos en las funciones ejecutivas. En todo caso, si no los hay porque las renuncias de personal calificado este año ya van  por unos 25 mil empleados, hay opciones en el mercado, pero que lamentablemente para el gobierno no son del PSUV. No busquemos las soluciones a los grandes problemas de PDVSA en una misa. 

Con razón el presidente del país, habla de “milagro económico”. Así serán la envergadura de los problemas de PDVSA y de la nación,  cuando ya recurrimos a los milagros. Esa declaración y esa misa no constituye un acto de fe para reforzar nuestras buenas acciones, ni para lograr cosas imposibles en el plano terrenal y profesional. Es una confesión de ineptitud, es un mensaje  que se acabaron todas las opciones gerenciales, técnicas y administrativas y dependemos solo de un milagro.

Este es un gobierno que no pudo retirar de circulación en forma ordenada el billete de cien. No ha podido cambiar el actual cono monetario, No pudo renegociar la deuda externa anunciada en noviembre pasado, no ha podido “pulverizar” el dólar paralelo, al contrario, éste pulverizó al bolívar. Lanzó el Petro y esto ha sido lo más parecido a una publicidad engañosa, prometió acabar con el “bachaqueo” y al contrario lo fortaleció.

Ahora nos prometen que Venezuela será una “potencia económica” para el año 2050, o sea, dentro de 32 años (Keynes decía: en el largo plazo todos estaremos muertos). En Derecho hay una frase común: “…a confesión de parte, relevo de pruebas”. Ante tales evidencias, no hay mucho que hacer con PDVSA y con el gobierno.

Con PDVSA tenemos que recurrir al capital privado, hacer una limpieza interna de funciones, obligaciones y personal que están divorciados de las funciones medulares de una empresa petrolera. Probablemente el primer paso de un gobierno serio sería intervenir la empresa con un equipo técnico y altamente profesional, quizás con asesoría internacional.

Con el gobierno y un equipo económico que piensa reducir precios en una economía con hiperinflación del orden de 4% diario, por ahora, los venezolanos no podemos esperar milagros. El trabajo tiene que hacerlo todos los días la sociedad civil, los gremios, las universidades, las enfermeras, médicos y los pocos sindicatos que quedan. Es resistencia, organización social y presión de calle.

Este gobierno está perdiendo la “guerra económica”, no tiene orden, estrategia y se acabaron las holguras de maniobra que daba la industria y la producción petrolera y el precio del petróleo. El general Hiperinflación está aplicando aquella táctica de “tierra arrasada”, en esa operación  no queda nada en pie, ni el gobierno.