Un aquelarre llamado Venezuela, por Alexis Aponte

Un aquelarre llamado Venezuela, por Alexis Aponte

Debemos prepararnos para lo peor, en lo económico, político y social

Las Instituciones son las reglas de juego en una sociedad…

Douglas North

Alexis Aponte.– Hagamos un ejercicio de imaginación: ¿Qué estarán pensando los actores financieros del exterior ante lo que está sucediendo en Venezuela? Locura, desorden, desconcierto, en fin, todo es válido para calificar a un país con un desgobierno. La Contraloría General de la República cita a diputados y a la directiva de la AN en ejercicio de un poder que no le corresponde. El Ejecutivo Nacional enfrentado a la Asamblea Nacional (AN), El Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) desconociendo e inhabilitando a la Asamblea Nacional y como si fuera poco, la Fiscalía Nacional de la República denuncia la decisión jurídica (N° 155-156) del TSJ ante el país calificándolas de un rompimiento del hilo constitucional.

Si a eso le agregamos que ningún funcionario público acude a las citaciones de la Asamblea Nacional, ni responden a los cuestionarios y correspondencias enviadas, ni siquiera como una muestra mínima de respeto y convivencia en una sociedad civilizada. Que el diálogo que prevalece en Venezuela es por micrófonos y twitter con ofensas y descalificaciones propias de un arrabal en aquellos voceros que deberían ser el ejemplo de las nuevas generaciones. Síntomas de una crisis terminal penosa y deplorable.

A esta crisis institucional que vive Venezuela coincide en el mes de abril del 2017, con un pago por concepto de deuda externa de US$ 2.817 millardos (US$ 2100 millardos que corresponden a PDVSA y US$ 700 millardos de Bonos Soberanos), una tercera parte de la deuda total a pagar durante el año 2017. Con un mercado petrolero volátil, tendiendo a la baja, dado los volúmenes de inventario de los países consumidores y los incrementos de oferta de países productores de crudo convencional y alternos (a pesar de los acuerdos de reducción de la producción). No se ve nada fácil en los próximos meses el panorama económico.

Ante un gobierno calificado nacional e mundialmente con la etiqueta de “dictadura” y que actúa como tal, con un conflicto de poderes públicos, donde es de opinión generalizada “un rompimiento del hilo constitucional”, cómo queda el préstamo que se estaba gestionando con la Corporación Andina de Fomento, cómo queda aquellos negociados con Rosneft y cualquier otra operación de auxilio financiero. El estado de legitimidad en aquellas concesiones otorgadas en la faja petrolífera del Orinoco. Igual consideración para las negociaciones en el arco minero.

El daño causado a la economía es incuantificable, de difícil recuperación y peores consecuencias. La caída en la cotización de los bonos de la República no se hizo esperar, arrastrando los bonos de PDVSA, el aumento del precio del paralelo fue de inmediato recuperando gran parte del terreno perdido en semanas anteriores. Si existía una ventana gris para cualquier operación, ésta se ha disipado con los últimos acontecimientos.

El día viernes a solicitud del presidente de la República, se reúne el Consejo de Defensa de Venezuela y pide al TSJ, una reconsideración de las sentencias dictadas, “la cual aceptó”. Pero esta decisión no anula el golpe de estado y la violación de la Constitución. Más aún, el TSJ al reconsiderar dichas sentencias reconoce el disparate jurídico cometido, lo cual tiene consecuencias penales para los miembros de la Sala Constitucional. Todo un potaje de errores, inconsistencias jurídicas, violaciones al marco legal, muy propio de territorios con aspiraciones de estado.

Debemos prepararnos para lo peor, en lo económico, político y social. Vendrán tiempos difíciles de sortear, pero estamos obligados a superarlos. Nadie va apoyar financieramente a Venezuela, salvo los chinos, que están hundidos en profundidad y los rusos que quieren asentar la cabecera de playa que ya tienen en algunos países de América Latina y en especial Venezuela. Para ambos, chinos y rusos han puesto muchos huevos en la canasta. Existe en finanzas la “atracción al riesgo”, es decir: para no perderlo todo, aumento la apuesta a ver si recupero algo. Algo de esto podría ayudar al gobierno en los próximos meses.

Roguemos que los precios del petróleo no sigan cayendo por debajo de la línea de los US$ 40/barril, porque las consecuencias económicas y financieras para el país, con toda la secuela social serían desastrosas. Menos mal que ya viene la cosecha de mangos…